Jactancia de la quietud
Escrituras de luz embisten la sombra, más prodigiosas que me_
teoros.
La alta ciudad inconocible arrecia sobre el campo.
Seguro de mi vida y de mi muerte, miro los ambiciosos y
quisiera entenderlos.
Su día es ávido como el lazo en el aire.
Su noche es tregua de la ira en el hierro, pronto en acometer.
Hablan de humanidad.
Mi humanidad está en sentir que somos voces de una misma
penuria.
Hablan de patria.
Mi patria es un latido de guitarra ,unos retratos y una vieja
espada,
La oración evidente del sauzal en los atardeceres.
El tiempo está viviéndome.
Mas silencioso que mi sombra, cruza el tropel de su levantada
codicia.
Ellos son imprescindibles, únicos, merecedores del mañana.
Mi nombre es alguien y cualquiera.
Paso con lentitud, como quien viene de tan lejos que no espera
llegar.
Escrituras de luz embisten la sombra, más prodigiosas que me_
teoros.
La alta ciudad inconocible arrecia sobre el campo.
Seguro de mi vida y de mi muerte, miro los ambiciosos y
quisiera entenderlos.
Su día es ávido como el lazo en el aire.
Su noche es tregua de la ira en el hierro, pronto en acometer.
Hablan de humanidad.
Mi humanidad está en sentir que somos voces de una misma
penuria.
Hablan de patria.
Mi patria es un latido de guitarra ,unos retratos y una vieja
espada,
La oración evidente del sauzal en los atardeceres.
El tiempo está viviéndome.
Mas silencioso que mi sombra, cruza el tropel de su levantada
codicia.
Ellos son imprescindibles, únicos, merecedores del mañana.
Mi nombre es alguien y cualquiera.
Paso con lentitud, como quien viene de tan lejos que no espera
llegar.
Jorge Luis Borges
Este poema me lo envió mi amiga Beatriz, a quien su lectura causó una"rara impresión", según sus propias palabras, hasta que descubrió que ese extraño sentimiento tenía relación con la idea de que era una espléndida descripción de la actitud de nuestros gobernantes
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